Rubén Darío

Un intelectual no encontrará en la tarea periodística sino una gimnasia que lo robustece. Rubén Darío
No soy intelectual ni periodista, pero sí creo que el ejercicio de redactar las ideas y ponerle palabras a los sentimientos ayuda a aclarar el pensamiento.
An intellectual will not find in the journalistic work but a gymnastic that strengthens. Ruben Dario
I am not an intellectual nor journalist, but I do believe the work of write down ideas and putting words to the feelings helps to clarify the thoughts.

viernes, 17 de mayo de 2013

Soñé que morías

Sé que no es muy halagador, pero es la verdad. Fue hace varios meses ya, pero ha tenido más impacto en mí con el paso del tiempo.
Todo comenzaba con la noticia, como en todo sueño donde la realidad es un tanto extraña resultaba que sabías con exactitud el día y la hora de tu muerte. Nos dabas la noticia a varios amigos tuyos, en donde, cosa no muy rara siendo un sueño mío, estaban todos los buenos amigos que tenemos en común.
Lo extraño era que todos se lo tomaban bastante bien, como si hubieras dicho: me iré de viaje. Lo aceptábamos y estábamos dispuestos a disfrutar el tiempo que nos quedaba contigo. Sin embargo, había cosas específicas que aún querías hacer, y eso nos convertía en tu equipo organizador de las cosas que querías hacer antes de morir, no había nada estrafalario: una fiesta con todas las personas que quieres, un viajecito corto con esas mismas personas, todo estaba más enfocado a disfrutar de la gente, de las risas y del tiempo.
Llegaba el día de tu muerte, por alguna razón habías escogido un bosque para morir. Caminábamos por él, no como un cortejo fúnebre, sino como si fuera cualquier paseo que darías con amigos. En determinado lugar dijiste: ya casi es hora. Y comenzaste a despedirte de todos, de todos y cada uno. Un abrazo, unas palabras, un agradecimiento. Cada quien tomaba su turno y te dejaba ir, como si fuera cualquier cosa.
A pocos minutos de la hora indicada para tu muerte habías terminado ya de despedirte, y mientras todos formábamos un círculo, te recostabas entre las hojas secas que había y te quedabas ahí. Recuerdo estar observando con claridad cómo tu cuerpo se movía por tu respiración, los párpados cerrados, pero aún había algo de movimiento, a veces acomodabas una mano, a veces una pierna y luego, todo a un mismo tiempo se dejaba de mover, era la hora: habías muerto, la energía se había escapado de ti.
Me perdí, me perdí en la locura, en la desesperación, apenas lograba comprender que jamás en la vida volvería a verte sonreír, jamás escucharía tu risa ni tu voz, jamás volvería a abrazarte, jamás volvería a ver tus ojos. Y no entendía ¿por qué? ¿por qué una persona tan llena de energía había dejado de moverse? ¿por qué ya no tenía vida cuando en realidad tenía tanto por hacer? ¿por qué tenía que verte morir? ¿por qué dejarte ir? ¿y por qué demonios todos estaban tan tranquilos? Y yo comenzaba a gritar, a gritar que eso no era posible, y corría hacia ti y te abrazaba, y te hablaba esperando una respuesta, y lloraba desesperada ¿por qué ya no te movías? Si apenas unos segundos antes estabas de pie sonriendo a todos. Te gritaba llorando que despertaras, que te quería, que no te fueras.
Algunos se acercaban a mí, déjalo ir, decían, ya cálmate. Y yo no comprendía, ellos no te quieren como yo, ellos jamás entenderán lo que es para mi vivir sin ti, lo que es el mundo sin ti.
Lograban a la fuerza que te soltara, pero yo seguía gritando y llorando, intentando llegar a ti, para que despertaras, para que no me dejaras. Comenzaban a cubrir tu cuerpo con hojas secas, porque así lo habías pedido, no quedarías cubierto de tierra, sino de hojas secas y no era hasta que te cubrían completamente que por fin me soltaban, y aún así yo corría hacia donde segundos antes había estado tu cuerpo sin vida, y comenzaba a sacudir las hojas secas, a tratar de volver a tocarte aunque no te movieras, para verte una última vez, pero por más que sacudía las hojas y que escarbaba por todos lados tu cuerpo ya no estaba, había desaparecido. Y entonces grité aún más fuerte... habías desaparecido realmente, de nada me serviría encontrar un cuerpo sin vida cuando todo tú estás lleno de ella, de que me servía un cuerpo sin energía si todo tú eres energía.
Gritaba y lloraba, lloraba y gritaba, sin entender, sin aceptarlo, desesperada, vacía...
Me desperté...
Es difícil describir la sensación con la que desperté: casi gritando, casi llorando, casi dormida y casi despierta, creyendo que había sido cierto que habías muerto. Luego la lucidez llegó, había sido un sueño, no pude evitar la inmensa paz y alegría que me invadió. Sí volvería a verte reír, volvería a abrazarte, volvería a ver ese cuerpo lleno de energía. Aún cuando en ese momento no pudiera verte supe que estabas en algún lugar, respirando, moviéndote, viviendo. Sonreí casi como si hubiera recibido la mejor de las noticias, acababa de pasar de la desesperación total a la inmensa alegría en un instante y no pude evitar recordar estos versos:
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

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