Rubén Darío

Un intelectual no encontrará en la tarea periodística sino una gimnasia que lo robustece. Rubén Darío
No soy intelectual ni periodista, pero sí creo que el ejercicio de redactar las ideas y ponerle palabras a los sentimientos ayuda a aclarar el pensamiento.
An intellectual will not find in the journalistic work but a gymnastic that strengthens. Ruben Dario
I am not an intellectual nor journalist, but I do believe the work of write down ideas and putting words to the feelings helps to clarify the thoughts.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Diarios de un viaje - Torre de Babel


En nuestro tour por el salar ocurrió un evento muy curioso, y muy bonito, que no puedo dejar de mencionar y describir con tanto detalle como pueda recordar, son de esas cosas mágicas que pasan en la vida y que uno no puede permitirse olvidar.
Para contar bien la historia me remonto al tiempo que pasamos en San Pedro de Atacama, donde llegó al hostal donde nos encontrábamos hospedadas un japonés que apenas y hablaba español, y su inglés tenía ese acento japonés que hace que sea un poco complicado entenderle, a pesar de eso, pasamos unas cuantas horas platicando en el cuarto que compartíamos (el cuarto del hostal era para 5 personas). Kohei (nombre del japonés) se encontraba de viaje por el mundo, y tenía planeada la misma ruta que nosotras para llegar a Machu Picchu, sólo que él tenía mucho más tiempo, así que haría más paradas a lo largo del viaje.
Cuando dejamos San Pedro de Atacama y partimos a Uyuni nos lo encontramos de nuevo, y en Uyuni tomamos el mismo tour por el salar. Kohei era un japonés muy agradable, y aunque yo era la única con la que realmente podía entablar una conversación, hicimos un tour muy agradable donde, como en la mayoría de los tours, todo mundo termina siendo amigo de todos.
En el tour del salar, hicimos una parada para comer, y mientras nos preparaban la comida en un pequeño pueblito perdido a mitad del salar, nosotros dábamos un paseo y nos divertíamos persiguiendo y tomándole fotos a una llama.
En eso estábamos cuando se acercó una niña, no tendría más de 7 años, y le causó tal impresión ver a Kohei que terminó acercándosele, él comenzó a jugar con ella, tomándole fotos y luego enseñándoselas. Después de un rato la niña lo tomaba de la mano y lo llevaba de un lado a otro en el pueblito donde estábamos.
Kohei no hablaba español, la niña mucho menos iba a entender inglés, sin embargo ahí estaban los dos, entendiéndose a sonrisas y señas, en risas y bromas. ¿Qué importa el idioma y las diferencias culturales cuando una sonrisa lo dice todo? ¿Qué importa la nacionalidad si la inocencia de un niño es universal? ¿Qué importan las diferencias económicas que puedan existir cuando en un juego las reglas son las mismas para todos?
Yo no podía quitarles la mirada a aquellos dos pequeños amigos, incapaces de conocer datos concretos uno del otro, sin saber sus nombres ni su edad, pero eran amigos, felices, inseparables por esos momentos, que bien pudieron haber durado sólo unos minutos, pero en la memoria se quedan para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada