Rubén Darío

Un intelectual no encontrará en la tarea periodística sino una gimnasia que lo robustece. Rubén Darío
No soy intelectual ni periodista, pero sí creo que el ejercicio de redactar las ideas y ponerle palabras a los sentimientos ayuda a aclarar el pensamiento.
An intellectual will not find in the journalistic work but a gymnastic that strengthens. Ruben Dario
I am not an intellectual nor journalist, but I do believe the work of write down ideas and putting words to the feelings helps to clarify the thoughts.

martes, 16 de febrero de 2010

Recorriendo catorces 02

Desde días antes comencé a planear qué le daría a cada quien, quería algo muy especial para cada persona, algo muy personal, que realmente demostrara todo el cariño que sentía por las personas a quien les daría algo. Comencé a escribir montones de cartitas, cada vez que terminaba una me sentía muy contenta, y esperaba que esa persona sintiera profundamente la dedicación que había puesto en cada cosa. Mi creatividad no paraba, lo que me animaba era el cariño de esas personas y la emoción de demostrarles aunque fuera con algo chiquito todo lo que significaban para mi.
Luego llegó el momento de decidir qué es lo que te daría a ti, y cómo sería tu respectiva cartita. Pensé y rebusqué mucho en mi cabeza, quería que fuera algo casi extraoridinario, que recordaras cada día, que en cuanto lo vieras saltaras de alegría sintiéndo por fin todo eso que sentía por ti, todo eso resumido en un simple detalle, así que el detalle debía de ser extra-súper-extraodinario y único.
Me puse a dibujar con todo mi mal pulso y mi inevitable habilidad para manchar mis dibujos siempre, pero me esforzaba en grande, porque sólo así, dedicándole tanto tiempo a algo que era para ti sería como te demostraría todo el tiempo que solía pensar en ti, todo el tiempo que quisiera estar contigo, todo lo que me habías enseñado, todo lo que quería llegar a ser gracias a ti.
Y dibujé y dibujé, aquellos dibujitos ridículos que tanto te gustaban, puse mi alma en eso, mis manos, mis ojos, mi corazón, todo lo que yo era estaban en esos dibujos.
Te hice una carta con toda mi alma y mi corazón, con mi sinceridad y mi alegría, yo-ya estaba resumida en un montón de palabras que jamás alcanzaron para demostrarte todo lo que significabas para mi.
Llego el 14 de Febrero, y empecé a repartir cartitas muy contenta, cada persona me sonreía y nos abrazabamos, como si ese día mi vaso de cursilería se hubiese llenado y desboradara ñoñez por todos lados, sonriéndoles a todas las personas importantes para mi, recibiéndo pequeños detalles que sabía que significaban un pedazo de vida y de corazón de cada persona. Me acerqué a ti, tenía tu carta junto con mis dibujos, mi alma y mi corazón ocultos, para llegar a saludarte como si nada y de pronto darte una sorpresa, en una explosión de alegría y euforia que acompañarían ese pequeño detalle en el que se encontraba todo lo que yo era, y dártelo sin condiciones.
Me saludaste, estabas con tus amigos, uno de ellos dijo:
- ¿Le compraste un regalo?
- No - fue tu respuesta - Yo no creo en este día, no me gusta formar parte del consumismo, es sólo un día más, me chocan los regalos y las cartitas hoy, es tonto.
Y así de fácil destrozaste mi ilusión, mi alegría, mi euforia, mi locura y cursilería, me sentí tonta, incapaz de hacer algo que tocara tu alma.
- Ten - dije muy seria mientras te extendía aquello que hasta hacía apenas unos cuantos segundos te daría acompañado de un abrazo y un beso largo largo.
- Gracias - dijiste sin darle mucha importancia, ni lo miraste. Empezaste a hablar de otra cosa mientras caminábamos, sin darte cuenta que acababas de matar mi espíritu de San Valentín en un instante, sin importante el tiempo que le había dedicado, sin tomarte aunque fuera unos segundos para ver lo que estaba escrito.
En vez de entregarte mi vida, mi alma, mi corazón, mi alegría... te había entregado mi estupidez, mi ingenuidad, mi actitud de niña inmadura ilusionada.
Sí, te culpo de haberme hecho perder mi fe en el día del amor y la amistad, aún cuando sé que es todo un negocio publicitario, el único día del año en que mi cursilería salía a flote lo transformaste en un día más. Casi me partiste el corazón, no fue necesario que dijeras que no me querías, ese día me destrozaste y ni siquiera te diste cuenta. Jamás volví a regalarte algo, y jamás tomé tus regalos como una forma de expresarme tu cariño.
Supongo que ya debería de haberlo superado, año con año he tratado de recobrar la ilusión del 14 de Febrero, sin obtener mucho éxito, tal vez le di demasiada importancia a tu reacción y de eso no tienes la culpa. Sin embargo... siempre me ha quedado el temor que alguien destroze mi alegría y mi euforia, con un simple comentario como lo hiciste tú, porque si de algo estoy segura es que no quiero que eso vuelva a pasar jamás.

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